
Hace diez años vive en Lampa, en unos terrenos que donó el alcalde. Ahí, junto a otras familias levantó su casita de la nada. “Recuerdo que el viento se colaba por todas partes”, dice don Fernando. Ahora comparte su mediagua con una de sus hijas, once nietos y una bisnieta. A todos les da techo y comida. Y todo gracias a que este hombre de esfuerzo se arriesgó a tener su propio negocio. Levantó un vivero sólo con una carpa en un pedacito de su patio.
Ahora, por intermedio de un Techo para Chile es uno de los microempresarios que es asesorado por alumnos de la Facultad de Economía y Negocios y la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile. Con esta ayuda ha podido sacar adelante su negocio.
“Un día no tenía trabajo y empecé a buscar cactus, salía al cerro hasta que un día me pilló Conaf y me pasó una multa porque estaba destruyendo el ambiente. La pagué y empecé a conseguir cactus de casa, me los regalaban, y así empecé. También cuando trabajé como jardinero pedía las patillas y las fui guardando. No sabía ni siquiera cómo podar, no sabía nada de plantas pero fui aprendiendo. Después fui a los viveros a comprar de poquito”, recuerda don Fernando, quien ahora sólo en plantas y cactus tiene un capital de un millón y medio de pesos.
Antes de conocer a los alumnos de Ingeniería Comercial, Nicolás Negrete y Carolina Sciaraffia y a la de Derecho Josefina Araya, este hombre tenía sus plantas bajo una carpa. Hoy ya puede hablar de un vivero como deber ser.
“No tenía casi nada, no pagaba ni permiso, ahora pago uno de ambulante porque también salgo en un carrito a vender. Tampoco tenía planillas para anotar lo que compraba y vendía”, dice. Agrega que Josefina “me ayudó a sacar el permiso y Nicolás y Carolina me enseñaron a hacer un recuento de todo lo que tengo. Hago un inventario, ahora si me sacan una planta ya sé. También ahora sé lo que puedo sacar y lo que no. Mi ‘vieja’ me decía que se le había terminado el gas y yo iba y sacaba y no lo contabilizaba, después decía que me había ido mal. Ahora, también, me han subido los ingresos”.
Dentro de sus proyectos está el formalizar su negocio, arrendar un terreno para expandirse e incluir el compostaje. “Quiero que esto sea el comienzo, no quiero terminar porque sé que esto me va a dar plata”.
Emoción a flor de piel
Don Fernando es un hombre agradecido de la vida, de un enorme corazón, un ejemplo de superación y un modelo a seguir. Pese a vivir en condiciones precarias siempre ayuda al prójimo. Pero “Dios también me ayuda”, dice emocionado hasta las lágrimas. Agregando que un ejemplo de ello es la asesoría de estos alumnos. “Nunca soñé que me iba a pasar esto, este programa es increíble, los niños (Josefina, Carolina y Nicolás) son increíbles, es lindo ver a jóvenes así y que ayuden son sus conocimientos”.
Diagnóstico y soluciones
Cuando Carolina y Nicolás conocieron a don Fernando se dieron cuenta que tenía todas las ganas de salir adelante con su sueño pero no sabía cómo.
“La principal carencia que poseía el negocio de don Fernando era que no realizaba ningún tipo de registro de ventas y compras, sólo guardaba las boletas, o si realizaba alguno era rudimentario, ya que lo hacía en un cuaderno, después de vender anotaba sólo lo que se acordaba”, explica Carolina.
La solución que le dieron en este punto fue entregarle diferentes planillas, una para las ventas que incluía todos los nombres de las plantas que trabaja, y que hiciera un ticket cada vez que venía una. Para las compras se hizo una similar pero le agregaron el ítem de cantidad comprada de plantas, número de plantas en el invernadero y costo de éstas. Esto le servirá para hacer un registro de compras y una revisión del stock del invernadero.
El panorama para la estudiante de Derecho, Josefina Araya, fue muy. “Me di cuenta que don Fernando no estaba muy al tanto de la situación en general, quizá era su mayor problema, ya que el hecho de no saber cuál era su real situación empresarial, los problemas que podría sufrir en el futuro y las vías posibles de solución lo imposibilitaban de comenzar un trabajo en pos de formalizar su empresa, reforzarla y hacerla crecer”, explica.
También vio que tenía problemas tributarios, ya que por desinformación e ignorancia en la materia no tenía cómo darse cuenta de cuáles eran las cosas que estaban mal hechas o inconclusas ni menos las soluciones. Tenía unas declaraciones antiguas que no se habían hecho y pérdida de documentación relevante. También no sabía que tenía que contar con una autorización del Servicio Agrícola Ganadero (SAG) y patente municipal. “Por todo esto era muy difícil que don Fernando saliera adelante con su empresa, en esa condición de desconocimiento porque le habría sido muy complicado diagnosticar sus falencias y encontrar las mejores soluciones.
-Una vez tomada la radiografía a la empresa de don Fernando, ¿cuál fue el plan de trabajo?
-J.A. Nos dividimos según el área de estudios de cada uno. Yo en especial me dediqué a diagnosticar cuáles eran los problemas desde el punto de vista de la estructura jurídica, el área tributaria y normas municipales. Acompañé a don Fernando al Servicio de Impuestos Internos (SII) a fin de asesorarlo con los pasos a seguir para solucionar su irregularidad; fui al SAG para averiguar qué requisitos debía cumplir su vivero para obtener la autorización necesaria; investigué el tema habitacional, hablé con la gente de la municipalidad de Lampa para conocer mejor su situación en el campamento Villa El Estero y los planes que se tenían a futuro con un Techo para Chile.
Fuente: www.lanacion.cl
No hay comentarios:
Publicar un comentario