sábado, 25 de julio de 2009

Jorge López, pequeño empresario de ferias libres asesorado por alumno de Derecho

Papitas para el asadito, papitas para el pescadito, papitas a la mantequilla, papitas para la chiquilla...”, grita don Jorge López (59) en una feria libre de la comuna de San Miguel. Y un par de señoras le pregunta por su esposa. “¿La patrona?, bien, gracias”, responde él, tan lleno de energía como un lolo de 20. “Cuánto va a llevar caserita...”. “Tres kilos...y no converse tanto”, le lanza otra fémina que lo conoce hace años, como la mayoría de sus clientes que van cada jueves y domingo a comprarle papas, zanahorias, zapallo, tomates o pimentones a Tristán Matta con Gauss. “Ya está peleando conmigo, ¿cómo está?”, le espeta él entre risas. Así es el trabajo de este “papero”, como él mismo se llama, bastante sacrificado pero a la vez gratificante por el cariño que le tienen estas señoras que sin sus verduras el almuerzo no avanza.

Definitivamente lo de don Jorge es la venta. Y mucho mejor en ferias libres de barrio, donde pueda gritar las cualidades de “la buena papa y del buen tomate”, que son el fuerte de su negocio. Tiene una empatía y carisma con sus clientes que marca la diferencia a la hora de ofrecer sus productos.

y

Definitivamente lo de don Jorge es la venta. Y mucho mejor en ferias libres de barrio, donde pueda gritar las cualidades de “la buena papa y del buen tomate”, que son el fuerte de su negocio. Tiene una empatía y carisma con sus clientes que marca la diferencia a la hora de ofrecer sus productos.

Pero no siempre se dedicó a este rubro. “Mi historia es larga, larga ”, dice antes de ponerse a resumir su años de circo. Su padre murió cuando recién era un niño, a los 7. Como su madre era dueña de casa tuvo que salir a trabajar con solo 9 años de edad. Lo que lo llevó a cursar sólo hasta quinto de preparatoria.

“Parí trabajando en el Matadero, ayudaba a los matarifes desde las 6 de la mañana. Ya en el año ’62 me vine al barrio (de Gran Avenida), y el ’63 me puse a trabajar como junior en la ferretería Candado, en Alameda con Nueva York. Después tuve un lapsus de empleos por aquí y por allá. Pero el ’73 dije: ‘aquí nomás llegamos’. Y empecé en la feria”, recuerda mientras que otra señora le pide una bolsita para los tomates. “aquí le damos una bolsita a la casera .y lo suyo son $1.200 con yapita”. Esta vez trabajó sólo hasta el ’83.

El hecho que siempre se rodeó con adultos y escuchó sus consejos lo hizo un hombre de bien, y hoy habla con orgullo de los tres hijos que tuvo con su mujer, con la que lleva 39 años de matrimonio. Ninguno le siguió sus pasos en la venta. “No tienen dedos para el piano”, lanza.

Frente al cañón

Después que se retirara de las ferias libres experimentó como vendedor de pernos. “Cuando terminé de trabajar ahí salí a buscar empleo y por mi edad no me daban en ninguna parte, y si nunca tuve problemas en trabajar en la feria por qué no volver. El que se va sin que lo echen, vuelve sin que lo llamen. Y aquí estoy desde el 2000 frente al cañón”, dice.

Lo que es hoy don Jorge es el resultado de su esfuerzo y garra para salir adelante. Sin estudios y siempre buscando nuevas oportunidades de surgir consiguió su tranquilidad laboral en lo que realmente le gusta: ser el papero de las ferias de gran avenida y sus alrededores. Pero esa estabilidad casi se ve truncada el 2007 cuando se pensó que había contraído el hongo de la papa, una enfermedad producida por el constante contacto con este tubérculo. “Llegaba todas las tardes con mis pies húmedos en sangre y mis manos hechas tiras, pensaron que era el efecto de las papas y que no podía seguir trabajando el rubro. Busqué un especialista, me vio y me dijo que no, eso me alivió mucho, ahora sigo en tratamiento médico”, explica.

De martes a domingo se levanta a las 5 de la madrugada para estar temprano en Lo Valledor, donde se surte de las verduras que más tarde les ofrecerá a sus caseras. Ya a las 8 está montando su puesto en la feria, para desmontarlo a eso de las tres de la tarde. En ese lapso vende como pan caliente, con un margen de ganancias del 20 ó 30%. “Aunque algunas veces salen productos malos que se pierden. También cuando suben las cosas baja el margen de ganancias. Cuando la papa le vale $300 le compran tres o cuatro kilos, pero cuando vale $500 le llevan un kilo y medio, en esto la balanza se va para todos lados”, nos cuenta don Jorge.

Gracias a BancoEstado

Para facilitar el traslado de las verduras a su lugar de trabajo don Jorge pidió un crédito a BancoEstado para comprarse una camioneta. Y gracias a esta entidad fue uno de los pequeños empresarios favorecidos para recibir las ayudantías que realizan alumnos de la Facultad de Derecho y Economía y Negocios de la Universidad de Chile. Fue así como conoció a Alberto Triezman (24), hoy egresado de leyes y preparándose para su examen de grado.

“Primero hicimos un análisis del trabajo de don Jorge, donde vimos la parte tributaria, de cómo estaba haciendo las cosas, qué productos estaba vendiendo y si estaba bien lo que vendía y la cantidad que compraba, pero nos dimos cuenta que él es una persona de mucho empuje que domina el negocio muchísimo mejor de lo que lo dominábamos nosotros. Más que hacer una asesoría en cuanto a qué era lo que tenía que vender, fue tratar de ayudarlo con otros temas de su vida que no tenía tan ordenados y que significaban un riesgo eventual para su actividad”, explica Alberto.

-¿En qué cosas concretas lo ayudaron?

-A: En ese minuto se encontraba con problemas de salud (el posible hongo de la papa) y no sabía si iba a poder seguir trabajando con el tema de las verduras, ese era su temor. Había dos cosas a considerar: Si iba a poder seguir trabajando en este rubro que lo maneja muy bien, y en caso de no ser así en qué otras cosas podía incursionar dentro de la misma feria, por ejemplo, vender cosméticos, colonias. Y por otro lado asegurarle otras cosas anexas a su vida como regularizar el título de propiedad de la casa donde vive y el traspaso de un auto. También la idea era ayudarlo en cómo hacer marketing, cómo vender sus productos por Internet y cómo ampliar un poquito su negocio.

-J: Este chiquillo me organizó como para cambiarme de rubro para vender cosméticos y perfumería, pero gracias a Dios me estoy sanando.

-¿Se hubiera acostumbrado a vender pinturas para mujeres?

-J: Mire, mijita, gracias a Dios tengo una cualidad, no porque me alabe, pero yo donde me pongo puedo hacer algo porque el carácter me ayuda mucho, de repente todos tenemos sus momentos pero siempre busco la parte más fácil de seguir el camino.

-¿El trabajo de Alberto fue fundamental en el momento que pasaba?

-Sí, me ayudó mucho, siempre nos juntábamos y lo tengo comprometido hasta que reciba su título.

-Su objetivo a futuro es vender sus verduras por Internet

-Vender de 10 kilos de papas hacia arriba y entregar en casas de reposo, casinos, restaurantes o colegios. Ahora entrego en un colegio y restaurante papas, tomates y zanahorias.

Alberto conoció una linda experiencia de vida al toparse a don Jorge López. “Este caballero tiene más empuje que todos nosotros. Le dio mucho sentido a mi semestre universitario. Cada vez que nos juntábamos era interesante y entretenido, y es rico saber que uno aprende y a la vez puede ayudar”.


www.lanación.cl


No hay comentarios: