Trabajo de investigación realizado por Alfonso José Muñoz Balharry estudiante de Quinto año de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, para el curso de Clínica de Asesoría Jurídica a la Gestión de Empresas (EMT), segundo semestre año 2009
La constitución económica presente en la Constitución Política de la República de Chile de 1980 se ha caracterizado por su corte netamente liberal. Conforme dicho planteamiento, el motor principal de la economía se encuentra en la iniciativa e inversión privados, asignándole al Estado un rol netamente subsidiario. En términos sencillos, el Estado no puede intervenir en la economía en tanto exista alguien que de forma privada pueda y quiera realizar dicha actividad. Ahora bien, pensando en el emprendimiento privado, que es la fuerza esencial del desarrollo económico, este trabajo examina dicho concepto a la luz de dos situaciones que se han dado en la realidad: a. El emprendimiento por oportunidad y b. El emprendimiento por necesidad. En segundo término, se realizará un análisis de la empresa de menor tamaño (EMT) en Chile a la luz de dichos conceptos para finalizar en una crítica al rol que la empresa, concebida tal como está en Chile, tiene en la distribución de los ingresos.
La Constitución establece en su artículo 19, Nºs 15, 16, 20, 21, 22, 23, 24, 25 y 26 el sistema general de garantías que sirven de marco general al desarrollo económico. Las examinaremos una a una de forma somera para entender la concepción que se tiene de empresa en nuestro orden constitucional. a) 15: Derecho de asociación sin permiso previo: las personas pueden unirse y formar empresa con o sin personalidad jurídica, la cual no queda restringido de forma alguna; b) 16: Libertad de trabajo: toda persona tiene derecho a trabajar, lo que implica que el empresario puede trabajar en su empresa; c) 20: Igual repartición en los tributos: para efectos de la empresa, todas pagan lo mismo porque no se establece un sistema progresivo como para las personas naturales; d) 21: Derecho a desarrollar cualquier actividad económica lícita: es el corazón del sistema constitucional, por cuanto reconoce de forma categórica que cualquier persona, en forma individual o conjunta puede emprender en cualquier momento, en tanto dicho negocio sea lícito; e) 22: No discriminación estatal: todos los organismos fiscales, semi-fiscales, centralizados, etc., deben tratar de igual forma a todas las empresas, sean pequeñas o grandes; f) 23: Libertad de apropiación: el producto de las empresas es para la empresa e indirectamente para el empresario. Esta garantía reconoce que el fruto del esfuerzo del empresario le pertenecerá (con las limitantes tributarias que se encuentran restringidas por el artículo 20); g) 24: Protección a la propiedad privada; h) 25: Defensa de la propiedad intelectual, industrial y en general inmaterial. Esta garantía contempla la defensa de la propiedad inmaterial, lo que es importante por cuanto las empresas no sólo obtienen utilidades del desarrollo de sus actividades; también descubren procesos productivos, know-how, etc.
Del análisis constitucional puede realizarse la siguiente descripción normativa respecto del emprendimiento: el emprendimiento es un derecho de las personas. Éste puede realizarse en forma individual o asociada, con o sin personalidad jurídica. Las utilidades y la propiedad intelectual, industrial, etc., les pertenecerán, quedando gravadas con los tributos que establezca la ley, que en ningún caso podrán tener el carácter de expropiatorios. Por lo demás, el empresario puede trabajar para su empresa, y de hecho la legislación así lo reconoce. Adicionalmente, y como todavía no se aprueba el estatuto de las PYME, la empresa, como hecho social, no admite distinciones de ningún tipo. A mayor abundamiento, la definición que da el Código del Trabajo se queda automáticamente corta, por cuanto exige la denominada “identidad legal de persona”. La realidad económica supera el marco jurídico, y las empresas suelen desarrollarse incluso sin una personalidad jurídica: nada ni nadie puede exigirle este tipo de formalización al empresario.
Una vez definido nuestro concepto de empresa, debemos referirnos al emprendimiento propiamente tal. Para Robert Hisrich, Michael Peters y Dean Shepherd[1], la iniciativa empresarial es:
“[…] el proceso de crear algo nuevo con valor, dedicando el tiempo y el esfuerzo necesarios, asumiendo los correspondientes riesgos financieros, psicológicos y sociales, y obteniendo las recompensas resultantes de satisfacción e independencia económica y personal”. P. 7
Un emprendedor así concebido es una persona que un día decide realizar una actividad determinada. Lo hace para enriquecerse, y para ello, decide organizar capital y trabajo. Tomamos esta definición en un sentido netamente económico, por cuanto la forma en que se organiza este capital y este trabajo es del todo irrelevante para efectos prácticos. El empresario es la persona que decide realizar un negocio a su cuenta y a su riesgo, soportando, en consecuencia, el peligro de que el negocio no resulte. Asume la responsabilidad frente a los bancos, frente a los trabajadores, frente a las autoridades y frente a los clientes. Como es fácil advertir, el emprendedor es una persona que a diferencia de la gran mayoría de las personas, no es tan adversa al riesgo. Una consecuencia natural de esta caracterización es que gran parte del peso institucional de nuestra sociedad descansa sobre sus hombros. No reconocerlo es un error que –estimamos – ha conducido a una serie de políticas erradas.
Una constatación particularmente interesante, dice relación con las motivaciones propias del empresario al momento de tomar la decisión de emprender. Como se ha apuntado, existen básicamente dos grupos de motivaciones para pasar de un estado pre-empresarial a uno empresarial. En primer término, el que podríamos denominar emprendimiento por oportunidad, es la formulación tradicional del emprendedor: es una persona que toma una posibilidad que se le ofrece producto de su interacción con el mercado. Este tipo de individuos suelen desarrollar sus actividades pre-empresariales en ámbitos propicios, tales como los de R&D o marketing. Es la necesidad de diferenciarse y desarrollar una idea, junto con el know how adquirido a lo largo de la carrera de la persona, lo que lo conduce a tomar la decisión de emprender.
Por otro lado, existe otro tipo de emprendimiento, que se ha dado en denominar “emprendimiento por necesidad”. Como apuntan los autores citados supra:
“[…] un incentivo todavía más potente para superar la inercia y dejar el actual estilo de vida para crear algo nuevo proviene de una fuerza negativa: la perturbación de la situación actual. Hay un número significativo de empresas que han sido creadas por gente que se ha jubilado, que ha tenido que buscar otro trabajo debido al traslado de otro miembro en una familia en la que ambos cónyuges trabajan, o porque han sido despedidos. Probablemente no haya fuerza más potente que la perturbación de la situación personal para movilizar la voluntad actual de una persona.”[2]. Pp. 9
Nosotros nos atreveríamos a agregar, que en la realidad nacional existe un porcentaje importante de emprendedores cuya necesidad de emprender surge del hecho de que no disponen de otras alternativas. Estamos pensando en el caso de personas que, de poder elegir en forma libre, no se habrían dedicado a desarrollar una empresa. Debe recordarse que en Chile la educación de calidad es todavía una aspiración de difícil realización. No es difícil imaginar que de las miles de micro y pequeñas empresas – en especial aquellas que fracasan – cientos son iniciativas que no proceden de la vigorosa voluntad detectada por los autores norteamericanos. Este tipo de empresas se ha venido en denominar “empresa de estilo de vida”, por cuanto se trata de pequeños negocios que mantienen a sus propietarios y que no suelen crecer p.11 . No lo hacen por cuanto se trata de empresas que no inciden en el desarrollo de nuevas tecnologías ni participan en la generación de grandes expectativas en el mercado de capitales.
De esta forma, las EMT han sido concebidas por un estudio encargado por SERCOTEC compartiendo las siguientes características:
- Existen en grandes cantidades, representando aproximadamente un 97% del total de empresas formalizadas. Su masiva presencia en el sistema económico nacional explica la preponderancia que se le ha dado como actor de relevancia en el acontecer nacional;
- No existe una concepción clara para las EMT, por cuanto la intensividad en la mano de obra que emplean y/o capital varían fuertemente de una empresa a otra;
- Las actividades que desarrollan se centran fuertemente en el sector comercial, seguido de los servicios, transportes y agricultura;
- Las EMT representan la mayor demanda de trabajo en Chile, ocupando alrededor del 62,6% del mercado laboral. Sin embargo, este tipo de empleo es bastante precario, lo que se refleja en las cifras asociadas a la seguridad social[3];
- Representan una baja porción de las ventas internas, y prácticamente una nula presencia a nivel exportador.
“En síntesis, podemos señalar que la MIPE representa el más alto porcentaje de empresas y del empleo del país; y que, como contrapartida, tiene una baja participación en las ventas. Ello incide en los muy bajos niveles de productividad de la MIPE, al compararlos con los que se observan en las medianas y grandes empresas.”[4]
De los datos recogidas en el estudio citado, se desprenden una serie de conclusiones a la luz de los conceptos analizados de emprendimiento por oportunidad y por necesidad. Los aspectos positivos de las EMT ponen de manifiesto que en Chile existe una fuerte tendencia hacia el emprendimiento – ya sea por uno u otro motivo – emprendimiento indispensable para absorber a la enorme cantidad de mano de obra no calificada que aún existe en Chile. Sin embargo, su poca relevancia tanto a nivel de ventas internas como externas pone teóricamente en tela de juicio la verdadera importancia de este tipo de empresa, al menos, y como veremos, en la actualidad.
Se ha señalado que las EMT son la unidad económica que más contribuye y contribuirá al futuro desarrollo de la economía nacional, y en especial para la redistribución de los ingresos. Se han esgrimido una serie de argumentos para justificar esta aseveración:
- Las EMT, al ser tantas, generan una gran demanda de trabajo, lo que permitiría un enriquecimiento general de la población, que por una parte crea empleo y que por la otra trabaja. La teoría neoliberal plantea que el mercado por sí mismo permitirá una mayor creación de riqueza: como en Chile la mayoría de la empresa corresponde a la EMT, entonces es ésta la que permitirá el desarrollo en Chile;
- Las EMT representan, en algunos casos, una fuente adicional de recursos para personas que desarrollan, además, otro tipo de actividades, ya sea del tipo dependiente o independiente;
- Al haber mayor demanda de trabajo, más personas del grupo familiar tendrán acceso al trabajo, lo que aumentará los recursos del mismo;
- El trabajo permite el desarrollo de ciertas capacidades que sólo permite el ejercicio efectivo de una ocupación;
- Permite el acceso al mercado del trabajo a ciertas personas que de otra forma, no podrían acceder a éste, por ejemplo los jubilados;
- Al ser empresas con bajos requerimientos de calificación laboral, se permite la inserción de los jóvenes al mercado del trabajo.
- Representan una posibilidad para la inserción de la mujer al mercado del trabajo. Las EMT permitirían un grado mayor de flexibilidad, lo que a la larga, permitiría el acceso de la mujer al mercado del trabajo sin dejar de lado las responsabilidades de llevar adelante un hogar.
Podría señalarse que estas conclusiones que obtiene un tesista en 1997[5], en parte se condicen con la realidad actual, y en parte no. En la actualidad, la EMT sigue concentrando parte importante del mercado laboral, pero sin embargo, éste sigue siendo en extremo precario. Esta precariedad se manifiesta tanto a nivel educacional, como a nivel del vínculo laboral. De esta forma, puede señalarse que 12 años de políticas en el sentido de favorecer a la EMT, en su concepción clásica, no han producido los efectos redistributivos esperados.
Creemos que las causas de este fenómeno son varias. En primer término, la EMT no puede concebirse como un fin en sí mismo en términos de estructura básica de la economía. Ello por cuanto la EMT en Chile es, en general, fuertemente asociada al ejercicio del comercio. En otros términos, la redistribución de los ingresos no sólo depende de la creación de oferta de trabajo, sino que también, de oferta de mejor trabajo. La EMT, por su debilidad crónica de inversión simplemente no puede proveer a la necesidad de un mejor tipo de empleo, ni a la creación de nuevos y mejores productos o sistemas de producción. Ello también es consecuencia de la precaria calidad de la educación en Chile, que es un elemento que hace poco atractivo el ingreso de capitales foráneos capaces de desarrollar este tipo de negocios intensivos en tecnología.
Sin embargo, en el mediano plazo, el incentivo a las EMT no es un despropósito, pero no por las razones que en principio pudiese pensarse:
“Las influencias en la infancia también han sido analizadas, sobre todo en lo que se refiere a valores y a la personalidad del individuo. Los rasgos de la personalidad que se investigan con más frecuencia son la necesidad se superación, la atención puesta en tener el control el asumir riesgos y la identidad de géneros. …
…la investigación sobre el entorno familiar en la infancia de los empresarios ha logrado resultados más definitivos. Los emprendedores tienden a tener progenitores que son profesionales autónomos, y muchos de ellos también son empresarios. Muchos emprendedores también tienen madres empresarias. La familia, en concreto el padre o la madre, desempeñan un papel importante para crear el deseo y establecer la credibilidad de la iniciativa empresarial como trayectoria profesional. Como dijo un emprendedor: <<>>”[6]. P 15.
De manera que el efecto positivo de las EMT, y del poderoso influjo que tiene la libertad de empresa en la Constitución es precisamente potenciar la noción de emprendimiento en la población general. Es dable esperar que la noción de emprendimiento irá madurando desde el emprendimiento por necesidad hacia el emprendimiento por oportunidad.
Para que ello ocurra, empero, es necesario hacer una serie de profundas reformas que reconozcan el carácter propio de la EMT en Chile. Ciertamente, el estatuto de la EMT será un paso adelante en ese sentido, pero subsisten una serie de vicios que hemos identificado como atentatorios contra la EMT, y su rol proto-desarrollista:
- La tasa de impuesto a la empresa no reconoce progresión. Nos parece que el flat tax que se ha ideado para la empresa no se justifica en la gran mayoría de los casos. Así como se ha reconocido la función redistributiva de los impuestos de tasa progresiva, no se ve porqué no puede implementarse un mecanismo del mismo corte basado en la distinción que el estatuto de las EMT permitiría.
- La falta de apoyo estatal directo a efectos de:
i. Regularizar las EMT;
ii. Permitirles acceder al sistema de impacto ambiental;
iii. Favorecer la capacitación de los empleados.
- Favorecer el traspaso de tecnologías desde las universidades a las EMT mediante la elaboración de programas conjuntos con los distintos departamentos y laboratorios del país.
- Implementar planes de acceso a la EMT a los distintos servicios públicos del país, como asimismo capacitación a los pequeños empresarios en materias de derechos y economía.
En definitiva, puede observarse que la EMT, como se concibe actualmente en Chile impide por sí sola el despegue económico que tanto se ha prometido. Para que ello ocurra, es necesario que se tomen medidas concretas en el sentido de sumar a la mentalidad empresarial que poco a poco se está creando en Chile, los incentivos correctos a efectos de propender a la generación de conocimiento y tecnología.
De esta forma, la EMT contribuirá a redistribuir la riqueza en tanto y en cuanto aumente la calidad de lo que producen (y exporten) las EMT en Chile. Un país de almaceneros no es un país desarrollado, por duro que suene para los oídos de una población adicta al canto de la sirena de sucesivos ministros de hacienda.
Bibliografía:
- José E. Cárdenas Pérez , “Microempresa y Distribución del Ingreso: Seminario para optar al título de ingeniero comercial con mención en economía: Profesor guía: Srta. Lucía pardo V.; Santiago, febrero de 1997; Facultad de Economía y Negocios, Universidad de Chile.
- La situación de la Micro y Pequeña Empresa en Chile – diciembre 2005, Gobierno de Chile – Chile Emprende; capitulo 1, sobre la caracterización de la micro y pequeña empresa, está basado en un estudio de Fundes, realizado por encargo de SERCOTEC, Imprenta Maval, 2005.
- Robert D. Hisrich, Michael P. Peters, Dean A. Shepherd , “Entrepreneurship (Emprendedores)”, sexta edición, , Mac Graw –Hill /interamericana de España, S.A.U., Madrid. 2005.
[1] Robert D. Hisrich, Michael P. Peters, Dean A. Shepherd , Entrepreneurship (Emprendedores), sexta edición, , Mac Graw –Hill /interamericana de España, S.A.U., Madrid. 2005, p. 7.
[2] Íbid. P. 9
[3] La gran mayoría de los ocupados en el 2003 (73,1 por ciento), dependía del sistema de salud pública y un alto porcentaje (53,2 por ciento) no cotizaba ni tenía previsión. El 54,4 por ciento e los ocupados reconoce ingresos inferiores a dos salarios mínimos y un quinto, bajo un salario mínimo, mientras otro quinto tiene ingresos superiores a cuatro salarios mínimos. Estudio citado Infra.
[4] La situación de la Micro y Pequeña Empresa en Chile – diciembre 2005, Gobierno de Chile – Chile Emprende; capitulo 1, sobre la caracterización de la micro y pequeña empresa, está basado en un estudio de Fundes, realizado por encargo de SERCOTEC, Imprenta Maval, 2005, P. 11.
[5] Estos puntos son una recolección de lo indicado en José E. Cárdenas Pérez , “Microempresa y Distribución del Ingreso: Seminario para optar al título de ingeniero comercial con mención en economía: Profesor guía: Srta. Lucía pardo V.; Santiago, febrero de 1997; Facultad de Economía y Negocios, Universidad de Chile. Pp. 19-21.
[6] Robert D. Hisrich, Michael P. Peters, Dean A. Shepherd, Op. Cit. P. 15.
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